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MARIO CHÁVEZ CAMPOS 788
       
788-1 Guiones 788-3 Trayectoria
  ENTREVISTA GUIONES TRAYECTORIA  
 
   
 

BATALLA PERDIDA

(FRAGMENTO - NOUVELLE)

 
 

 

Para tratar sus casos Abogado prefería más del sentido común que del derecho. Lo hacía por convicción pero también por comodidad. Nunca se había titulado y, por si fuera poca cosa la lamentable falta de probidad, lo verdaderamente grave es que ni siquiera había acudido a clases en la Facultad de Derecho. Había aprendido el oficio de ojo. Si José Alfredo Jiménez componía de chiflidito por qué él no podría litigar de oído. Todos sus amigos coincidían; Abogado era mejor amigo que abogado. Pero sobre todo era mejor bailarín. Tenía un paso en tres tiempos, muy cerrado, que remataba con un movimiento de caderas que quien lo miraba no dudaba en calificar como “muy sexi”, aunque para otros no eran más que mariconadas de Abogado cuando, luego de dos vasos de ron, inauguraba la pista bailando salsa.

Nadie se imaginaría jamás lo fraternales que son los grupos de baile. Son como una congregación. Una secta religiosa. El grupo en cuestión, que sobra decir, lideraba Abogado, estaba integrado por un Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que gustaba de lustrar a espejo sus zapatos negros de charol, hasta que, se jactaba en decirlo, se reflejaran los calzones que debajo de un vestido de fiesta llevaba puestos su pareja ocasional de baile. Una Ministerio Público que, de acuerdo a las precisas y enteradas observaciones del Ministro, le gustaba mucho el encaje negro. Abogado entendería después de qué tipo de encaje negro se trataba. Una Juez del Tribunal Superior de Justicia que, en los momentos de clímax del baile sobre la pista, sacaba su tabique para retar, a quien tuviera ínfulas de “bailador”, a echarse un danzón como los cánones dictaban.

Completaban el grupo una pareja de policías ministeriales que desafiaban el peligro, haciendo complicadas evoluciones de baile con los cuernos de chivo colgando de sus espaldas y que, para ser sinceros, sólo acudían a las citas siempre y cuando la “cosa no anduviera muy caliente”. Y como la cosa no sólo estaba caliente, sino que además se había puesto macabra, su presencia cada vez era menos regular.

Con mucha frecuencia la amistad fraguada en las pistas sobrepasaba el gusto por el baile. Era muy común que Abogado, Ministro, Ministerio Público y Ministeriales se comunicaran para pedirse favores, que desde luego iban más allá de aprender los pasos del baile de moda. Y entre ellos, era casi imposible que se negaran uno.


 
     

 

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