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RaÚl Casamadrid 793
             
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DRAC: el monstruo marciano que masticaba lentamente a sus presas sin abrir sus poderosas mandÍbulas.

(CUENTO)

 
 

 

Al igual que todos los monstruos, Drac es verdaderamente horrible. Resulta bien sabido que, entre los monstruos extraterrestres, los marcianos son los más feos. Son tan feos que ninguno se parece a otro y entre ellos mismos se asustan. Hubo una época en que la humanidad dudó entre llamar a los monstruos “monstruos” o “marcianos”, pero a los lingüistas encargados de poner los nombres se les hizo mala onda para con los monstruos, quienes, por lo general, nunca son tan feos como los marcianos.

Ellos son tan horribles que se esconden debajo de la superficie marciana para no tener que mirarse unos a otros. En Marte, no existen los espejos; además, decidieron que lo mejor sería acabar también con el agua para no verse reflejados en ella. Más aún: los monstruos marcianos no sólo son feos, sino que siempre están tristes. No juegan entre ellos, y poco a poco se han ido quedando ciegos, porque no salen a la luz. En la oscuridad han encontrado un poco de alegría, pues en medio de las sombras no se distinguen bien, y así, pueden juntarse para platicar sin llevarse ningún susto.

Los pobres marcianos han intentado de todo para permanecer ocultos. Mas, cómo absolutamente todos los organismos vivos tienen a fuerza que alimentarse, procuraron dejar de hacerlo. Lograron ayunar hasta casi un año marciano. Pero finalmente tuvieron que salir, visitar otros mundos, alimentarse y comer a algún niño que se porta mal; porque, en el fondo, los marcianos son monstruos buenos.

En su afán por dejar de comer, los buenos marcianos perdieron la capacidad de abrir sus tremendos hocicos -que de tan feos y espantosos resultan verdaderamente indescriptibles-; así desarrollaron una enorme capacidad de ósmosis: de modo que son capaces de engullir a una presa gracias al simple contacto con “su piel”. Una vez que “comen” a algo -o a alguien- por fuerza lo tienen que deglutir, -aunque ellos no abren la boca para morder-. Es como si masticaran un chicle, sin hacer el menor ruido, durante largo tiempo; hasta que se le va el sabor. Durante el proceso de ósmosis los monstruos marcianos toman la forma de lo que se tragan. Así que, si ven a un niño muy encimoso y no se lo pueden quitar de encima… ¡cuidado!, puede ser un horrible y tragón monstruo marciano como Drac, el hambriento.


 
     

 

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