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MARCO ANTONIO LÓPEZ LÓPEZ 928
           
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  ENTREVISTA LECTURAS TRAYECTORIA  
 
   
 

PrÓlogo

De Concha Urquiza y su Obra

de MarÍa Teresa Perdomo

 

 
 

 

En la madrugada de la navidad de 1910 en la ciudad de Morelia nace en el seno de la familia Urquiza del Valle una niña a la que bautizan con el nombre de Concepción. Mujer excepcional, quien se encuentra considerada como formando parte de los llamados escritores religiosos y algunos autores inclusive la llegan a considerar escritora mística junto con San Juan de la Cruz,  Santa Teresa de Jesús, Catalina de Siena y de los nuestros como Concepción Cabrera de Armida y Luis María Martínez. Entre los autores que sostienen esta tesis se encuentra el recopilador de su obra Gabriel Méndez Plancarte quien estudió la obra de Concha Urquiza, la publicó y escribió el prólogo de la edición de 1946. Otro autor es José Vicente Anaya quien también escribe el prologó a la edición de 1985 publicada por la Universidad del Estado de México con el título de “El Corazón Preso”.

Gabriel Méndez Plancarte, quien sigue la huella de Menéndez y Pelayo, a quien cita diciendo que :

“la poesía que expresa, no una mera doctrina religiosa ni un sentimiento religioso cualquiera, sino aquella ahincada contemplación de lo divino y ultraterreno, aquella sagrada obsesión de Dios que caracteriza a ciertas almas de excepción, aquel ímpetu irreprimible que, volando por sobre todas las creaturas, va a clavarse como un dardo de fuego en las entrañas del absoluto y a fundirse con Él en arcana unión de amor”; -y agrega-, “entonces sí podemos llamar mística -y mística de muy alta calidad- la poesía y  las prosas de Concha Urquiza.”   

En este texto la autora considera que no es una poeta mística dado que no alcanzó una unión con Dios, afirma que: “Y todo ese padecer no tiene como cumbre la apasionante anhelada unión. La plenitud presentida, con chispazos apenas vislumbrados, al final de su vida se apagan” Como que queda solamente en un intento, en una aspiración, lo sustenta la autora en el último poema que escribiera Concha Urquiza con el título de “Nox” en donde dice: “un aspirar a soledad contigo/ por los húmidos valles y el boscaje”. Comparte esta opinión Emma Susana Speratti quien tampoco considera a Concha Urquiza ni a Fray Luis de León escritores místicos, se basa en un poema que dice: “cielo y tierra es el ser que tú me diste; / y cuando busca el cielo su morada / primera, y va a subir, se le resiste / la tierra, de la tierra enamorada.” Señala:

“Por el choque continuo y violento de religiosidad y sensualidad, me niego a considerarla mística. En ella como en Fray Luis de León, su gran maestro, advertimos que, pese al íntimo anhelo de Dios, existen corrientes subterráneas que les infunde un tono angustioso de desterrados: “yo seré como aquel que se desvía / y vacila a la orilla del camino, / mientras llega la noche de su día; / como aquel que bebiendo el dulce vino / nunca logra apagar su sed ardiente, / y requerido del amor divino / gemirá sin amor eternamente.”

La Doctora Perdomo a este conflicto entre las dos fuerzas contrarias que la atraen le llama La Desgarradura, en el capítulo La Interioridad en Conflicto. También señala que en Nox se expresa el rompimiento con el amado, que hay una sensación de abandono cuando dice: “Cómo perdí, en estériles acasos, / aquella imagen  cálida y madura / que me dió de sí misma la natura / implicada en Tu voz y tus Abrazos? Si en un tiempo se sintió colmada del amor de Dios, hoy se encuentra completamente vacía, devastada, no queda nada de ese amor: “Ni siquiera el susurro de Tus pasos, / ya nada dentro el corazón perdura; te has tornado un “tal vez” en mi negrura / y vaciado del ser entre mis brazos”. Sin embargo, también es cierto que los místicos muchas veces sienten el abandono de Dios, que se trasmite en una frialdad que contrasta con ese amor tan grande que en otras ocasiones experimentaron, como que fueran pruebas que Dios les envía, otros autores señalan que son más bien dones que Dios les da, ¿Concha estaría en una de esas etapas? Es muy difícil saberlo, nos quedamos con la duda.

Dice Rafael López en relación al lenguaje utilizado por estos escritores, lo siguiente:

“Estudiar el lenguaje de los escritores místicos es adentrarse en las esferas más sutiles de la literatura. La razón es obvia. Comprender el término místico, en toda su grandeza y luminosidad, es tocar, en cierta forma, el misterio de Dios y experimentar en el fondo del alma algo de aquella inefable sensación del místico ante lo divino. Es desflorar el símbolo para contemplar, en panorámica grandiosa, la excelencia de la realidad simbolizada. Es en una palabra: el encuentro con Dios a través del término humano.”

La experiencia mística se traduce en el éxtasis, momento en el que el amado se hace manifiesto en sensaciones que se viven y que el extasiado después las quiere describir pero no encuentra palabras, es entonces que le parece pobre el lenguaje, y sin embargo, se tiene que valer de él  para decirlo, y es entonces que utiliza símbolos, en ocasiones es el “dardo ardiente”, “saetas de amor encendido” como lo describe Santa Teresa de Jesús, y que de manera magistral Bernini esculpe  y funde en hierro  en “El Éxtasis de Santa Teresa”, Ahí está la religiosa flotando con sus hábitos al vuelo por el efecto de la levitación,  los ojos entornados expresando dolor pero también placer, y es que su corazón está siendo atravesado por el dardo ardiente que le clava un ángel. San Juan de la Cruz que dice: “Oh llama de amor viva que tiernamente hiere”,  son palabras que expresan no lo que ellos quieren decir sino que se ven en la necesidad de utilizar este lenguaje que les parece pobre pero que no hay otro, dice Luis María Martínez en carta dirigida a Concepción Cabrera de Armida : “mi primera impresión es que en nuestras comunicaciones con las almas hay algo que no podemos decir por las palabras, veo a través de esta carta algo de eso inefable que el alma tiene conciencia de no poder expresar,” ¿pero cómo lo hacen otros místicos?, veamos:

 

Santa Teresa de Jesús

“Saetas de amor encendido”

 

Concepción Cabrera de Armida

“¡Oh!, yo siento como una brasa, como una llama, como un volcán, como un sol, (esta es la palabra), que sus irradiaciones me deslumbran, me hace desfallecer”

 

Monseñor Luis María Martínez

“Una luz rápida y suave bañó mi alma como la respuesta de Dios a mis palabras”, “al amar así a Jesús, sentía un impulso extraño, como que una corriente me arrastraba”, “Sentí que Dios me atraía en lo íntimo de su corazón, que me unía a Él, que gozaba de su amor, experimenté un ansia dulcísima de sufrir, pero como de un sufrimiento intrínseco al amor”, “te siento como un fuego que abrasa: a las  veces arde dulcemente en lo íntimo de mí corazón”.

 

Concha Urquiza

“Como lluvia en el monte desatada/ sus saetas bajaron a mi pecho:/ Él mató los amores en mi lecho/ y abrió de tinieblas mi morada.”,“y de la angustia nerviosa que oprime mi pecho incesantemente y me rodea de terrores imaginarios, -en medio de la tormenta y la sombra-, hay en mi alma gran serenidad”, “Él se ha aferrado a mi corazón y a mi voluntad con una mano que ya no acaricia, sino que oprime y hace gritar de dolor, pero ahora que lo conozco, adelante…, ” , “como amante en el seno del amigo/ que largamente bebe su deseo,/ gozarme quiero en soledad contigo”, “el ciego centro de mi vida toca,/ y éntrate al corazón como la llama/ que en flaco leño con fiereza emboca”

 

Como se puede apreciar en el cuadro comparativo, los símbolos utilizados son variados, pero siempre la constante es la unión con el amado o sea con Dios. Concha Urquiza  manifiesta su deseo de poseer a Dios, de entregarse a Él, lo llama: “Ven Señor y escúchame. Déjame  pensar que reposo un poco junto a ti. Ya no quiero amores humanos. Desnudo quisiera tener el corazón, desnudo y hambriento: ¿Qué debo hacer para lograrlo?. Y Dios escucha sus ruegos y acude: “Él fue quien vino en soledad callada, / y moviendo sus huestes al acecho/ puso lazo a mis pies, fuego a mi techo/ y cercó mi ciudad amurallada”,  y pide que ya que lo posee no se valla, dice con clara influencia de San Juan de la Cruz: “que con un beso de paz la retuviste / y en dulce soledad la alimentaste/ y con cíngulo estrecho la ceñiste:/ no devuelvas el robo que robaste;/ guarda el amor que con amor venciste/ y el corazón que con dolor ganaste.”

¿Quién fue Concha Urquiza?, la respuesta a dicha pregunta nos la brinda María Teresa Perdomo al inicio del trabajo y lo hace de forma muy poética, no proporciona los datos escuetos de la biografiada, sino que los llena de reflexiones y los envuelve en poesía desde su nacimiento hasta concluir con su trágica muerte, para ello proporciona en la sección de apéndice dos documentos importantes que aclaran ese hecho, como es la última carta que escribió y que tiene como fecha el 15 de junio de 1945 en Ensenada Baja California, en donde Concha se muestra llena de optimismo y manifiesta que desea permanecer en dicho lugar el resto del año y la posibilidad de que siga otro año más, el otro documento lo constituye una entrevista hecha al padre Luis Manuel Guzmán quien fue la persona que la llevó al mar, con estos dos documentos se puede decir que se descarta la posibilidad del suicidio que en algún momento se manejó.

María Teresa Perdomo destaca la labor de recopilación de su material disperso y publicación de la obra de Concha Urquiza realizado por Gabriel Méndez Plancarte en  1946,  ofrece nuevos datos y algunos poemas no incluidos en dicha edición.

Al analizar la obra de Concha Urquiza, María Teresa Perdomo encuentra en ella lo atormentado de su corazón y la angustia que le causaba el debatirse entre dos fuerzas antagónicas que la atraían, una que tiraba hacia la tierra y otra que tiraba hacia el cielo.

Se analiza de igual manera las fuentes de que se nutren los escritores místicos que son de manera fundamental la Biblia y los escritos de los Santos Padres de la Iglesia,  esto lo hace en el título “Peregrinación Amorosa ”, y en “Corporalidad de lo Divino” en ellos se ve como se hace manifiesta la necesidad de la presencia del amado, la sed y hambre del encuentro con Dios. El análisis de los recursos literarios utilizados por Concha Urquiza y el léxico usado en algunos poemas es del siglo XIII a imitación de Gonzalo de Berceo, se encuentra en la parte denominada “Imágenes”.  Otra de las partes está dedicada al análisis de la versificación utilizada por Concha Urquiza en la que se ve la variedad de estructuras empleadas como lo son la lira, el soneto, la égloga, el romance, la canción, etcétera.

La presente edición tiene un valor agregado que es su apéndice en el cual se contienen algunos poemas no publicados en las obras completas que publicara la Editorial Ábside con el estudio de Gabriel Méndez Plancarte ya mencionada.


Nos congratulamos de que se brinde apoyo a la publicación de este tipo de trabajos como el presente estudio sobre Concha Urquiza, y felicitamos a María Teresa Perdomo  quien con un verdadero rigor  se ha sumergido en las profundidades de la poesía de Concha Urquiza y nos proporciona importantes luces para comprender ese mundo atormentado de la poesía de esta autora  mexicana. Es indudable que el mejor homenaje  que se le puede rendir a un escritor es la difusión de su obra.
Marco Antonio López López


MÉNDEZ Plancarte, Gabriel. Obras de Concha Urquiza. México, Abside. 1946. p. XIII

PERDOMO, María Teresa. De Concha Urquiza y su Obra. Gobierno del Estado/Secretaría de Cultura. Morelia. 2013, p. 80

SPERATTI Piñero, Emma Susana. Temas Bíblicos y greco-romanos en la poesía de Concha Urquiza, El Centavo, Morelia, No. 117, 1983. p. 7. Es una reproducción del artículo publicado en la Revista de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Tomo I, Abril-junio, 1959 No. 2  

MÉNDEZ Plancarte, Gabriel. Op. Cit. P. 188

LÓPEZ López, Rafael. Monseñor Martínez escritor místico. Madrid, Stvdivm, 1965, p.13

San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual en donde desarrolla el tema pastoril y la ausencia del amado, dice en algunas cuartetas:  “Pastores los que fuerdes /Allá por las majadas al otero / si por ventura vierdes / Aquel que yo más quiero; /Decidle que adolezco, peno y muero.  // ¿Por qué pues, has llagado  /Aqueste corazón, no le sanaste? Y pues me le has robado; / ¿Porque así le dejaste / Y no tomas el robo que robaste? // Apaga mis enojos, / pues eres lumbre dellos, / y sólo para ti quiere tenellos.  / Descubre tu presencia, / y máteme tu vista y hermosura; / Mira que la dolencia / De amor que no se cura / sino con la presencia y la figura.” De la Cruz San Juan. Cantico Espiritual. Antología en lengua española. Lecturas Universitarias No. 1  UNAM. 1971. p. 78.

 

 

 

 
     

 

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